Casi toda mi vida he vivido con
perros.
En 1992 llegó a casa nuestra primera Golden: “Nube del Valle Negro”, Glas. Era una perra extraordinariamente inteligente.
Glas tuvo dos camadas de seis cachorros cada una, las dos con “Fígaro de Cal Arana”. En casa se quedó “Buster Keaton del Basucal”, Keaton, ¿era el perro perfecto?, así nos lo parecía.
Glas y Keaton murieron el
mismo día, intoxicados después de bañarse en el mar, un día antes de que
llegase a la playa una mancha de petróleo, no llegamos a saber que había en el
agua , a pesar de los análisis.
Con la mayoría de los
hijos de Glas tengo contacto habitualmente (ver Familia), algunos por haberse quedado con
amigos, eso sí, tuvieron que tener paciencia y esperar el tiempo necesario, y
otros, porque gracias a los cachorros he conocido a sus dueños y hemos llegado
a entablar amistades estupendas. De otros tengo noticias esporádicas.
Son muchas satisfacciones
a parte de verlos crecer, la primera, la de ver la ilusión de los nuevos dueños
cuando se van con sus cachorros, la segunda, la de seguir en contacto con
ellos, no se olvidan de que nacieron en casa, y por último, la de comprobar que
han sido perros sanos y equilibrados, que han estado bien cuidados y sus dueños
les adoran.
¿No son razones suficientes para seguir criando? Aunque lo haga muy despacio creo que merece la pena, a pesar de las dificultades, sobre todo cuando se intenta hacer lo mejor posible sin escatimar esfuerzos de cualquier tipo, gastos, trabajo, viajes, pruebas veterinarias, esperas..etc.